El Barça mira al Madrid desde abajo 

Mazazo. Esa fue la carta de despedida con la que abandonaron los jugadores azulgranas San Mamés. Se dejaron dos puntos de oro tras un bagaje mediocre y aburrido de peloteo. Ahí estuvo Bojan, vestido para la ocasión, para abrir el marcador. Pero de poco sirvió. Henry volvió a olvidar su calidad y dejó la incertidumbre, de nuevo, en la afición culé.

Esta vez tampoco apareció todoterreno Deco. Ni tikitaka Xavi.  Y eso que jugaba Messi, pero ni tan siquiera el argentino fue incapaz de desequilibrar la balanza y se encontró, en numerosas ocasiones, solo. Brillaron los apoyos por su ausencia. Xavi deambuló al lado de Valdés mientras que Andrés Iniesta, relegado a una posición más retrasada que de costumbre, era incapaz de trenzar con los de arriba, perdiendo más balones que de costumbre. Tampoco tuvo suerte la defensa, pues Thuram, para no variar, marcó el gol en propia puerta tras intentar evitar el remate de Llorente. Qué poquito necesitaron los de Caparrós para empatar el encuentro. De poco les servía pero lo festejaron como si de una final se tratara. Y pudo aver dado el disgusto, si todavía quedaba sitio en los corazon blaugranas, en los compases finales, pero como para Rijkaard la Liga es posible y el Barça no ha renunciado a ella el empate es tan válido como sumar fuera de casa. Aver quien le niega a Ronaldinho, ahora, un puesto en el once.