La desgracia se alió con Pepe

Caminante no hay camino. Y vuelta a empezar. Nos volvemos a meter en la senda negra de la que tanto nos costó salir. Es preocupante, no se puede negar. Lo nuestro es llorar con el Madrid más apático, ausente y feo que se recuerde en toda la temporada. ¡Y mira que vimos partidos malos! Pero este equipo no da más que bandazos y palos de ciego. No hubo equipo en Riazor y, porsupuesto, tampoco fútbol. Ya no queda la excusa de la efectividad, pegada, goles y calidad. No. Todo principio tiene un fin y al Madrid le matan como mataba. Duele más ahora, cuando se cuecen las habichuelas. Con merecimiento o sin él se ha entorpecido un camino que apuntaba al horizonte. Schuster, tan espantapájaros como el rubio, se conforma con regar cuatro plantas podridas, secas y pansidas. El diseñador le dejó grande el traje y ahora le sobra tela por todas partes. Y ya son 17 (diecisiete) los años sin conseguir desenterrar en Riazor el baúl de los tres puntos. Caminante no hay camino, se hace camino al andar…