El valencianismo recibe por f�n una alegr�a

Ningún valencianista, hasta hace dos meses, habría pensado en recibir una alegría tan grande como la que se vivió esta noche en Mestalla. El Valencia, nueve años después, se mete en una final de Copa que le recibe por la puerta grande. Una final que frena el corte de cabezas que se avecinaba tras los malos resultados ligueros y que tenía como última parada el choque frente al Barcelona.

Respira Koeman, respira el Valencia y respira la plantilla. La dimisión de Soler ha traído consigo optimismo y fe a un vestuario que, pasito a pasito, va viendo como llegan los resultados. Juanma Mata dilapidó a un Barça desmotivado y fuera de lugar durante la mayor parte del encuentro. Los de Rijkaard, nulo tácticamente, quisieron reaccionar cuando la afición tenía ya bien agarrada su única tabla de salvación. Tarde y mal. Los goles de Thierry Henry y Samuel Eto’o llegaron con el temor de la zaga valencianista pero no fueron suficientes para conseguir un tercer tanto que les hubiera dado el pase.

La naranja mecánica hundió a un equipo frágil, lento, previsible y sin ideas. La zaga azulgrana no tuvo su noche y los errores de Zambrotta, Puyol y Valdés se pagaron bien caro. Baraja, tras un tempranero y espectacular golazo que se coló por toda la escuadra, hizo realidad los peores presagios de Laporta y adelantó a su equipo en el marcador, para sorpresa del guardameta de l’Hospitalet. Ese fue un breve resumen de lo que venía. Los chés se bastaron de su estilo y mataron a un Barça que mostró una de sus peores caras antes de volver a la batalla de Champions. Albiol, excepcional durante prácticamente todo el encuentro, fue la cara del partido. No se queda atrás Mata que, aparte de los dos goles, desquició al lateral italiano del conjunto catalán y arrancó aplausos en su retirada.

Mal sabor de boca para el barcelonismo. Un conjunto que semana tras semana causa más disgustos que alegría y al que, con el paso de las jornadas, va viendo como sus opciones ligueras son cada vez más reducidas. Tan sólo Iniesta y Bojan dieron sensación de peligro, pero ni la asombrosa calidad de los canteranos pudieron evitar la catástrofe del Barça en su competición más holgada. El Rey de Copas se despidió con una derrota que, más que nunca, va directa al corazón.