Heinze, con un gol, el mejor del partido

Se fue Beckham y con él el indomable glamour inglés. Ya no nos deleita la Posh con su presencia y hemos cambiado a Tom Cruise por un asequible Nicolas Cage italiano. Será que a Ramón Calderón, en plenitud, se le da un aire. Porque llega el Schuster más lleno, completo y rebosante. De triunfalismo o de miedo, qué se yo. Entre todos la mataron y ella sola se murió. El Madrid ganó como debía hacerlo, con contundencia, con juego y con gol. Pudieron caer más pero el Pipita, todavía inexperto en estas citas, anda afilando la bota. No tengo dudas de que el argentino nos hará cantar muchos goles, apelando a la paciencia, sí, pero que incitarán a una acústica mayor.

Nótese mi entusiasmo, porfavor, pues yo viví rarezas y sentí emoción. De la buena. Por primera vez en toda la temporada vi a Gutiérrez robar un balón y vibré con un 14 que se dejó de florituras (exceptuando casos, no pidamos peras al olmo) buscando la combinación, apertura y precisión. Aunque eclipsado por un enorme Sneijder, rápido, ágil y continuamente correoso, el sereno y tranquilo máximo asistente liguero trabajó (milagro). Pero, por si fuera poco, apareció Raúl, eterno capitán, para marcar un gol de los de antes. Sí, esos que no son marca de la casa. El speaker con sueldo de jugador cantó al siete de España su gol número 290 de pitorreo blanco. Controló, aguantó, regateó y marcó. Palmaditas, reivindicación y pipas al viento que ya nos ganamos el sueldo. Luis Fabiano se ahogó y enterró su sueño. Kanouté, el bueno de la peli, resolvió una papeleta que duró menos de un minuto. Porque Heinze, sencillamente perfecto, evitó la vergüenza para la que nos íbamos haciendo el traje. ¡Que n’aprenguin! Habla, Mascaró (el periodista, no el Brandy) y ríete ahora del Betis.