Este fin de semana, si Walter Mazzarri se lo permite, Antonio Cassano volverá a pisar un terreno de juego. Más de 15 años dedicados al fútbol y Talentino todavía no ha aprendido la lección. El temperamental, sorpresivo y desesperante delantero no encuentra la estabilidad emocional y se deja arrastrar partido sí partido también por las decisiones de los colegiados. Y no se puede decir que no haya aguantado libros en la cabeza. Insultar al árbitro o ”regalarle” tu camiseta antes de tiempo tiene premio: Cinco semanas de sanción que seguramente no darán sus frutos. La Sampdoria ya no tiene tan claro si cuenta con él la temporada que viene y a Mijatovic le desesperan las excusas que llegan desde Génova. Primero era el traspaso, después la ficha y ahora el carácter. ¡Como si no lo conocieran! Para contar con Antonio no sólo hay que prevenir sino también curar. O almenos saber hacerlo. El italiano, un soñador de la vida, ha dejado perlas en el césped. Desde profundas lágrimas hasta incesantes blasfemias. Con éste jugador no sirve la mano dura, dijo Capello, pero tampoco la manga ancha. Cassano es un jugador sensible, romántico, extrovertido y peleón. O, en su defecto, especial. Y es que dicen que el que no sabe lo que quiere acaba donde no quiere estar. En Madrid, por si acaso, que le vayan abriendo el saco.