Terminado el Liverpool-Arsenal (4-2) de cuartos de final podríamos alabar las cuestiones tácticas de Benítez o la valentía de Wenger a la hora de alentar a sus jugadores en el terreno de juego. Pero no nos podríamos olvidar nunca de mencionar el potencial que tienen los equipos ingleses en este momento y que, bajo mi humilde punto de vista, supera con creces el nivel del resto de equipos europeos. Llego a casa sorprendida después de ver un partido de fútbol de los pies a la cabeza, con mucha velocidad, presión y desbordante de calidad. El soccer inglés es otro mundo; empezando por la afición y terminando por la entrega.

Cayó el Arsenal tontamente pero dignamente ante un Liverpool que fue de menos a más pero que controló el partido cuando y como quiso, remontando hasta en dos ocasiones el gol inicial de Diaby y el empate minutista de Adebayor. Se lució Fernando Torres con un gol cargado de ilusión y vibró Anfield con un partidazo que no defraudó a la afición londinense en un choque para recordar, con fuerza, intensidad y goles. Cuatro tantos a favor del Liverpool que le hacen erguirse máximo goleador de la presente edición de Champions y que lo catapultan como máximo favorito para llegar a la final. Arsene Wenger mientras tanto deberá seguir buscando el ingrediente necesario para llenar el hueco que, tan vacío, destaca en su vitrina. Y es que a doble partido los de Meresyside son prácticamente invencibles.