El F.C.Barcelona cierra una temporada nefasta dejándose humillar por un Real Madrid grande, campeón. El principal aliciente del partido, el pasillo, dejó rapidamente lugar al chorro de juego y de goles que se empeñó en regalar el equipo blanco a su afición. Y respondieron. Algunos pensarán que la entrada fue humilde, tradicional, con señorío, pero a mi me dejó mal sabor de boca. Tenía otra cosa en mente. Por eso mi decepción se transformó en alegría nada más llegar el primer tanto local. Me molesta el pecador, que no el pecado, pero son los riesgos del fútbol. Raúl siempre aparece cuando menos te lo esperas, éste hombre es así. Mención especial para el trivote formado por Diarrá, Gago y Sneijder. Emulando a Schuster, Redondo y Maradona, y como si de una grúa se tratara, derrumbaron a los azulgranas todo el poder constructivo y destructivo, habido y por haber. Cabe decir que el Barça se achicó en césped madrileño, no sé si por la lluvia o por el viento, dejando más abiertas todavía las heridas que no han cicatrizado desde el batacazo de Old Trafford. Y engrandece Robben, que emuló a Santillana por segunda vez consecutiva, al anotar un tanto que le impone una nueva vida. Un gol llamado Luca en un país que ya no es para viejos…