Lo que sucedió anoche en el Monumental de Núñez (Buenos Aires) podría ser denominado de muchas formas, pero, en todas ellas, aparecerían las palabras “pesadilla”, “fracaso” y “decepción”. Se disputaba el partido de vuelta de los octavos de final de la Copa Libertadores, entre dos equipos argentinos: River Plate y San Lorenzo de Almagro. La corta renta obtenida por los de Ramón Díaz en la ida en el Nuevo Gasómetro (2-1) hacía preveer un encuentro apasionante. Además, la jornada venía caliente: el miércoles, un América de México en horas bajas había conseguido darle la vuelta a su eliminatoria en casa de todo un Flamengo (0-3, tras el 2-4 para los brasileños en la ida), en lo que ya algunos le han asignado calificativos tales como “el nuevo ‘Maracanazo’”. Por otra parte, otros dos equipos argentinos, Lanús y Estudiantes, habían caido derrotados ante Atlas y Liga de Quito respectivamente, y Boca consiguió aguantar su ventaja, obtenida en la Bombonera, en la cancha del Cruzeiro.

Así, todas las miradas estaban puestas en la eliminatoria estrella: los ‘millonarios’ contra el ‘Cuervo’, dos viejos rivales frente a frente. Y el choque, sin duda alguna, pasará a la historia del fútbol argentino y sudamericano en general. Lo que se vio en el terreno de juego podría parecer inexplicable. En una primera parte muy movida, los de Simeone consiguieron quitarle el balón al conjunto azulgrana, y a causa de ello se adelantaron en el marcador por medio de Matías Abelairas. Con ese gol, River estaba virtualmente clasificado y, por si fuera poco, las cosas se le pusieron incluso mejor. Tras la expulsión del ‘Burrito’ Rivero, el ‘Ciclón’ desapareció de la cancha y, cuando Bottinelli se autoexpulsó con un salvaje codazo dentro del área a Falcao y Abreu transformó la pena máxima correspondiente, todo parecía sentenciado. Las ‘gallinas’ estaban dos arriba en el electrónico y San Lorenzo se encontraba con dos jugadores menos, cansado y entrando continuamente en las provocaciones de su rival, sumergiéndose en varias peleas, en las que pudo haber más de un expulsado.

El partido era intenso, violento en algunos momentos. D’Alessandro parecía más preocupado por saldar cuentas con Carrizo, a los puños, que por llevar a su equipo a la siguiente ronda. Pero ahí, cuando el viento soplaba a favor para los de casa, fue cuando sucedió lo inexplicable. Los visitantes cogieron la pelota y, repentinamente, pareció como si hubieran visto una luz que les indicaba que la victoria todavía era posible. El zurdo ex-’millonario’, entre insultos de su antigua hinchada, volvió al juego y se olvidó de los ‘quilombos’ con los adversarios. River estaba nervioso, a pesar de contar con dos jugadores más, y no conseguía parar el encuentro, dominar el balón y definir. En ese momento fue cuando la heroica que caracteriza a este torneo hizo acto de presencia. Una estupenda jugada trenzada por el ‘Cabezón’ y acompañada por un magnífico movimiento de Silvera en el área pequeña, permitió a Gonzalo Bergessio poner el 2-1 y empatar la eliminatoria.

Con ese resultado, el destino serían los penales. Pero no, San Lorenzo tenía fuerza y, misteriosamente, River no. Los de Ramón siguieron intentándolo, hasta que, pocos minutos después, Bergessio volvió a anotar a la salida de un córner, colocando así a los suyos en la siguiente fase.

A partir de ahí, no ocurrió nada más. River no pudo ni siquiera intentar la remontada. La hinchada del ‘Ciclón’ festejaba como si de la consecución de un título se tratase, mientras que la local se mostraba triste y callada. Simeone, desquiciado en la banda, peleaba con el cuarto árbitro, sin saber qué hacer para voltear la situación. En el verde, 11 jugadores que no iban a ninguna parte, desolados, amargados. Nadie cogió las riendas, nadie se echó el equipo a las espaldas. Todo era desesperación, unida al miedo de saber la que les iba a caer. La impotencia de los riverplatenses hacía recordar otras épocas, nos volvía la mente un par de años atrás. Incluso alguno, preso de su pesimismo, miraba al campo y parecía encontrar la típica estampa de Fernando Belluschi, luchando solo contra todos, desesperado, desesperanzado.

El nuevo ciclo que el ‘Cholo’ parecía traer al Monumental puede haber acabado. Todas las buenas sensaciones que el plantel bonaerense llevaba dando desembocaron en un nuevo fracaso en la Libertadores. Todas las esperanzas que se les dieron a la gente de River se les fueron quitadas de un plumazo. Y es que, por mucho que se quiera, este club no ha cambiado. Los errores de los últimos años siguen pesando con suma notoriedad. Y seguirán pesando, porque los de arriba siguen haciendo las cosas igual: deprisa y corriendo, es decir, mal.

El público, desilusionado, despidió a su equipo con silbidos y abucheos. Sus ansias de volver a batallar en la competición continental se esfumaron a las primeras de cambio. Sus esperanzas se fueron y, como es lógico, en el Torneo Apertura se esperan lo peor. Se esperan derrotas, la continuación de la crisis. Boca venciendo, River sufriendo. Se esperan excusas.

Se esperan…nada.

DoKiÈh – 09.05.08