Desde su aterrizaje en Can Barça Samuel Eto’o ha participado en los éxitos azulgranas desde la envidiada perspectiva del protagonista. Marcó en las grandes citas, levantó una Champions, besó dos Ligas y entonó el micrófono dirección capital. Pero tras cinco años de popularidad y esplendor la escuadra que ha defendido el escudo en tantos y tantos momentos parece ser la primera en sufrir los males que genera el estar dos temporadas sin cantar el alirón.

Thierry Henry ha dicho que se queda, Guardiola quiere seguir contando con Bojan y el técnico quiere repescar a Sergio García. Sobra uno. Samuel ya no goza de los privilegios que le otorgaba el presidente, hasta hace poco radiante por el efecto anti-Madrid que éste había causado en su público. Lo que hace año y medio eran gracias ahora son suspiros y lo que antes era un amigo se ha convertido en enemigo. Su rendimiento en el campo, indiscutible y su afán egoista de participar y llevarse los aplausos han generado en pitos y pañoladas. Se busca un  9, un ser de patas largas y rápidas, con ancha espalda y cálido en el césped. De calidad y técnica, como la tiene el camerunés. Pero más humano, cercano, pasivo, cumplidor y familiar. “Ser delantero se ha convertido en tarea difícil”