Hay que romper una lanza por Pedja Mijatovic. Y esta vez lo voy a hacer yo. Reconozco que hay gestiones que no compartí y operaciones en las que nunca vi brotar la limpieza como este club merece. Pero los resultados están ahí. Dos Ligas consecutivas, la primera de ellas conseguida en tiempos revueltos, y una tiranía que se resiste a Europa pero que ha dominado España la mayor parte de la temporada. Poco se le puede reprochar, pues, al hombre que decidió apostar por Pepe, un central portugués objeto de burlas y ridiculeces varias a lo largo del año, en vez de hacerlo por Chivu, que representaba el camino fácil y tentativo de las comisiones. El resultado está a la vista, ahora es Mourinho el que desea al portugués y es el Inter quien pone al rumano en el mercado.

El verano se antoja movidito aunque por el momento la prensa tiene y busca protagonismo en la estrella del Manchester. Creo que no hay ser humano en la faz de la tierra que conozca el desenlace de esta trama pero lo que sí tengo claro a estas alturas es que lo del Madrid y Cristiano Ronaldo no es ninguna broma. Podrá ganar o perder, como siempre que juegas, y tal vez te tocará reir o te tocará llorar. Hay gente que no comprende tal desembolso económico por un jugador que no ha replicado a Zidane, Beckham ni Ronaldo y otros que no solo desean, sino que expresan no existe mejor caramelo en el mundo.

Pero en el fútbol, como en la ética humana, existen los principios. La mente raramente nos abandona y el remordimiento, que siempre nos acompaña, puede hacernos pensar y desear rarezas, hasta tal punto de distorsionar la realidad. Pierdes la alegría y ya no te dejas llevar, como cuando renuncias al amor. Y es entonces, en ese preciso instante, cuando te das cuenta que has dejado pasar el tren de tu vida. El fútbol no se sueña, se vive…