Menudo desafío eso de seguir el partido por Cuatro. Entre el PODEMOS, los comentarios tikitakeros de Relaño y el vamo vamo de Camacho se me hizo eterno el debut de la Selección. Un 4-1 que no me genera muchas ilusiones, más que nada porque toda esta historia me resulta muy familiar. Hace dos veranos, en la Alemania más calurosa del S.XXI, una tierna hinchada veía como los chicos de Luis le endosaban un sonoro 4-0 a Ucrania. Pero el fútbol nos castigaba con la posesión de la impotencia y el avión español despegó hacia tierras ibéricas antes de poder jubilar a Zidane.

Hoy la Roja nos ha vuelto a obligar a palpar el aroma que el frasco de la dulce esencia ha dejado ante una débil Rusia. Villa, el otro ególatra (7) de España, firma el primer hattrick del torneo mientras  Fernando Torres, Marcos Senna, Xavi y Puyol hacen el trabajo sucio. Guus Hiddink,  mucho más alterado que cuando Al Gandour se dejó sucumbir por los petrodólares, se llevó una goleada que poco habrá gustado al ruso del yate. Mal partido de Rusia, peor de lo que nos la pintaban, con una defensa más endeble que el partido de Ramos y con un desajuste medio-delantera más alterado que los corazones de los españoles.

Pero yo no me pienso dejar embaucar por la prensa amarillista que se desplegará a partir de mañana. El trabajo ha sido regular, sin rozar nunca la perfección, y me temo que por ahora el sacrificio ya está hecho. Seguiremos deseando cantar los goles, cada uno más alto, si cabe, pero con la idea fija en la cabeza de que a Manolo el del Bombo se le agota la reserva hotelera dentro de 9 días. A mí este perfume ya me lo vendieron…