Llevaba más de dos semanas sin pulsar el teclado para expresar lo que esta Selección ha despertado en mí. Falta de tiempo y de ganas, porque el verano llega nunca llega solo. Trae sol, siempre amable y galante al invitarme a refrescarme en las limpias aguas de Barcelona, trae trabajo y trae emociones. Dejando a un lado el amor, al que la primavera altera, nos deja el cálido aliento del balompié, siempre incansable e inamovible en un pueblo que no vivía tanta alegría desde los tiempos de Di Stéfano y Marcelino. Una hornada estupenda de futbolistas que ha calado en lo más hondo de mi corazón. El respeto se convirtió en ilusión y los goles de España en un río de lágrimas que no surcaban mis mejillas desde las ruletas de Zidane. Son cosas del fútbol y del estío, tan verde como la hierba que ayer pisaban los 24 héroes al levantar un trofeo que Casillas acogió en nombre de todo un país hambriento de gloria. 44 años esperando un sentimiento como el de ayer, tan liviano como el aire que ondeaba la pulcra y furiosa bandera anudada a mis espaldas. No fue arte la belleza, sino bello el arte del balón…

AL TACTO DEL AMOR, TODOS SE VUELVEN POETAS…

GRACIAS SELECCIÓN POR HACERME SENTIR ORGULLOSA DE SER ESPAÑOLA